Bajo los Efectos de la Culpa

“Feliz el hombre a quien Dios no culpa de iniquidad, mientras calle mi pecado se envejecieron mis huesos y mi verdor se volvió en sequedad de verano. Mi pecado te declare, y no encubrí mi iniquidad, dije confesare mis transgresiones a Dios, y tu perdonaste la maldad de mi pecado”. (sal. 32:2-5)

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